Aunque existan diferentes formas de agarrar la raqueta, en el pádel lo aconsejable es hacerlo de una sola manera que sea útil para realizar todos los golpes, ya que las distancias son pequeñas y la bola llega sin tiempo a cambiar de empuñadura.

Al ser un deporte muy dinámico que además se ejecuta dentro de una pista pequeña, se justifica el por qué no se cambia la empuñadura a cada golpe. Asimismo, la velocidad infringida en el juego hace que no tengamos tiempo suficiente para girar la raqueta y golpear cómodamente. Por ello, la empuñadura que se utiliza es una intermedia que se denomina “continental”.

Ésta se maneja deslizando la mano abierta entre los dedos pulgar e índice, desde el borde hasta el mango de la pala. La sensación que se siente es como si se quisiera dar la mano a la raqueta o como si agarrasemos un martillo. De esta manera, se obtiene mucha más velocidad en la preparación del golpe, pudiéndonos preocupar únicamente de la bola.

Sólo se podría permitir cambiar las empuñaduras a los niños y a los principiantes, para que de este modo se sientan más cómodos y seguros a la hora de golpear. Así, dispondrán de una mayor superficie de la raqueta, aunque, a medida que van tomando confianza con los golpes, es fundamental que comiencen a practicar con la toma correcta, es decir, la intermedia o continental.